
Charles (El predicador)
La familia escucha,
entre chasis oxidados
las agudas guitarras,
los gritos y la caravana,
como topadora de coros;
“Tell me, tell me, tell me, come on tell me the answer
Well you may be a lover but you ain't no dancer”
Cantamos y bailamos.
Los negros traen el fin del mundo
y nosotros somos toboganes,
somos sus consejeros.
Ya es tarde y tenemos
buenos disfraces. Además,
no olvidaremos
nuestros Pentagramas.
Y ahí está POGO y ted Bundy,
el carnicero de Milwaukee y Shipman,
riendo y transpirando,
pajeándose sobre cabezas decapitadas.
Richard Ramirez se baja las gafas
y nos clava una mirada
marcelotinellezca,
mientras abraza a sus gruppies.
Nos saluda y grita:
“No olviden sus navajas.
Si osan mirarlos directo a los ojos,
arránquenselos”
Su aliento asesino es tal,
tal que nos aguantamos el vómito.
Subimos a la furgoneta
ahogados de alegría,
como si formásemos parte
una misión divina.
Somos hermanos justicieros
y los Beatles, nuestros cómplices.
Los atamos, los amamos
y con nuestras propias manos,
os hicimos reales.
Nuestras manos los nombraron,
para que después los nombren
en todos lados; en diarios
y revistas, tv y radio.
Fuimos nosotros,
con nuestras cabezas
enfermas y nuestra sed
de pertenecer
a la tinta que nos escribe
o dibuja con tentáculos
llenos de parkinson.
Ese temblequeo involuntario
y compulsivo
que es
la vida

Richard Speck (El rebelde)
“Volveré a Texas para matarla... aunque sea lo último que haga en la vida”
He nacido
para traer el infierno
a tu puerta; Una inmensa ola
de educada maldad.
Un juego visceral,
una orgía asesina.
De niño,
mis pasatiempos
fueron siempre:
comer crayones,
golpearme la cabeza
y pasar horas odiando a mi padrastro.
Tal vez por el maltrato de la gente,
o mi maldita misoginia.
De grande,
solo el alcohol
calmaba las jaquecas.
Entonces me volví
un cliente puntual
de los rincones más mugrientos.
Levantando prostitutas
tarde en la madrugada.
Y todavía te recuerdo,
mirando embarazada desde la ventana,
quedándote callada y solitaria.
Pero yo te conozco,
no sos una santa protectora,
(Como mi madre,
mi inmaculada madre)
sino una chicamala.
una puta enferma
mirando embarazada desde la ventana.
Mi sueño de lobo de mar
y un vaso de hipnóticos
me llevaron a mi último trabajo,
pero plantado a último momento,
dejé mis maletas en una gasolinera
y encontré refugio entre escombros
de una obra en construcción
Al día siguiente
conseguí unas monedas
para pagar un antro,
y salí con el calor
a buscar cualquier cantina abierta.
Poco recuerdo del líquido azul
que me pincharon esos marineros,
pero el cielo nublado y
la humedad de esa tarde
nunca los voy a olvidar.
Desperté, en el cuarto sucio
y recordé que me pasé la noche
haciendo nudos marineros.
Bajé al comedor y,
en la vieja televisión,
era noticia lo del atraco
a la casa de las enfermeras;
Ocho indefensas enfermeras,
violadas y asesinadas.
Único dato curioso:
nadie las escuchó gritar.
Ni siquiera la novena,
que sobrevivió,
escondida abajo de una cucheta.
Decían que el asesino
entró por una ventana abierta.
Con la humedad
y el calor.
Carl Tanzler , el amante.
Soy un buscador esotérico,
un espía caucásico, y con
mi máscara de médico brujo
te regalo todo mi amor.
Quería curarte, quería que vivieras,
que vivieras para mi.
Y encontrarte un día en mi patio
fumando un monumental habano,
sonriendo con los pulmones llenos.
Que me acompañes y que,
solo por esta vez,
me digas un “Es posible.”
Por eso desenterré tu coraza
y la envolví en terciopelo.
Por eso desempolvé tu amor,
y lo acosté junto a mi almohada.
Por eso nuestro tiempo juntos
fue tan mágico.
Yo me sentía como un niño.
Y es que siempre fuiste
el más hermoso
trabajo taxidérmico,
eterna tez y verdor.
Era una pena
Regalarte a los gusanos.

Albert Fish, el gurmet.
El abuelo, prepara sus especias.
Relee la receta
-regalo a modo de confesión
de un gran amigo suyo-:
"Filetes de Nalgas al Horno.
Primero,
Guardar toda tu ropa
para no mancharlas.
-Hecho.-
Golpear las nalgas
hasta que queden tiernas.
(De ser posible,
flagelar mientras
la comida siga viva).
-Listo.-
Luego,
Colocar cebollas, apio,
zanahorias, sal y pimienta
para asar en el horno.
-Si.-
Filetear y poner
panceta o jamón crudo
sobre los bifes.
Cocinar durante
dos/cuartos de hora
(Importante:
De vez en cuando,
hidratar con el propio jugo
para hacer la carne más sabrosa.)
P/D: En Honk Kong vivíamos a esto.
Los monos son una delicia,
pero a los pee wees
no los recomiendo.”
Ahora el abuelo,
espera los dos/cuartos de hora,
toma un sorbo
de su propia meada
y piensa:
“Ocho años.
lo pude haber violado
si quería.
-Ojea la receta-
Creo que igual voy a probar
sus pee wees.”



