martes 24 de marzo de 2009

SERIAL KILLERS - 1era Parte



Charles (El predicador)


La familia escucha,
entre chasis oxidados
las agudas guitarras,
los gritos y la caravana,
como topadora de coros;
“Tell me, tell me, tell me, come on tell me the answer
Well you may be a lover but you ain't no dancer”


Cantamos y bailamos.
Los negros traen el fin del mundo
y nosotros somos toboganes,
somos sus consejeros.
Ya es tarde y tenemos
buenos disfraces. Además,
no olvidaremos
nuestros Pentagramas.

Y ahí está POGO y ted Bundy,
el carnicero de Milwaukee y Shipman,
riendo y transpirando,
pajeándose sobre cabezas decapitadas.
Richard Ramirez se baja las gafas
y nos clava una mirada
marcelotinellezca,
mientras abraza a sus gruppies.
Nos saluda y grita:
“No olviden sus navajas.
Si osan mirarlos directo a los ojos,
arránquenselos”

Su aliento asesino es tal,
tal que nos aguantamos el vómito.
Subimos a la furgoneta
ahogados de alegría,
como si formásemos parte
una misión divina.
Somos hermanos justicieros
y los Beatles, nuestros cómplices.

Los atamos, los amamos
y con nuestras propias manos,
os hicimos reales.
Nuestras manos los nombraron,
para que después los nombren
en todos lados; en diarios
y revistas, tv y radio.
Fuimos nosotros,
con nuestras cabezas
enfermas y nuestra sed
de pertenecer
a la tinta que nos escribe
o dibuja con tentáculos
llenos de parkinson.
Ese temblequeo involuntario
y compulsivo
que es
la vida






Richard Speck (El rebelde)

“Volveré a Texas para matarla... aunque sea lo último que haga en la vida”


He nacido
para traer el infierno
a tu puerta; Una inmensa ola
de educada maldad.
Un juego visceral,
una orgía asesina.

De niño,
mis pasatiempos
fueron siempre:
comer crayones,
golpearme la cabeza
y pasar horas odiando a mi padrastro.
Tal vez por el maltrato de la gente,
o mi maldita misoginia.

De grande,
solo el alcohol
calmaba las jaquecas.
Entonces me volví
un cliente puntual
de los rincones más mugrientos.
Levantando prostitutas
tarde en la madrugada.

Y todavía te recuerdo,
mirando embarazada desde la ventana,
quedándote callada y solitaria.
Pero yo te conozco,
no sos una santa protectora,
(Como mi madre,
mi inmaculada madre)
sino una chicamala.
una puta enferma
mirando embarazada desde la ventana.

Mi sueño de lobo de mar
y un vaso de hipnóticos
me llevaron a mi último trabajo,
pero plantado a último momento,
dejé mis maletas en una gasolinera
y encontré refugio entre escombros
de una obra en construcción

Al día siguiente
conseguí unas monedas
para pagar un antro,
y salí con el calor
a buscar cualquier cantina abierta.
Poco recuerdo del líquido azul
que me pincharon esos marineros,
pero el cielo nublado y
la humedad de esa tarde
nunca los voy a olvidar.

Desperté, en el cuarto sucio
y recordé que me pasé la noche
haciendo nudos marineros.
Bajé al comedor y,
en la vieja televisión,
era noticia lo del atraco
a la casa de las enfermeras;
Ocho indefensas enfermeras,
violadas y asesinadas.
Único dato curioso:
nadie las escuchó gritar.
Ni siquiera la novena,
que sobrevivió,
escondida abajo de una cucheta.

Decían que el asesino
entró por una ventana abierta.
Con la humedad
y el calor.







Carl Tanzler , el amante.


Soy un buscador esotérico,
un espía caucásico, y con
mi máscara de médico brujo
te regalo todo mi amor.

Quería curarte, quería que vivieras,
que vivieras para mi.
Y encontrarte un día en mi patio
fumando un monumental habano,
sonriendo con los pulmones llenos.
Que me acompañes y que,
solo por esta vez,
me digas un “Es posible.”

Por eso desenterré tu coraza
y la envolví en terciopelo.
Por eso desempolvé tu amor,
y lo acosté junto a mi almohada.
Por eso nuestro tiempo juntos
fue tan mágico.
Yo me sentía como un niño.
Y es que siempre fuiste
el más hermoso
trabajo taxidérmico,
eterna tez y verdor.

Era una pena
Regalarte a los gusanos.





Albert Fish, el gurmet.


El abuelo, prepara sus especias.
Relee la receta
-regalo a modo de confesión
de un gran amigo suyo-:

"Filetes de Nalgas al Horno.

Primero,
Guardar toda tu ropa
para no mancharlas.

-Hecho.-
Golpear las nalgas
hasta que queden tiernas.
(De ser posible,
flagelar mientras
la comida siga viva).

-Listo.-
Luego,
Colocar cebollas, apio,
zanahorias, sal y pimienta
para asar en el horno.

-Si.-
Filetear y poner
panceta o jamón crudo
sobre los bifes.
Cocinar durante
dos/cuartos de hora

(Importante:
De vez en cuando,
hidratar con el propio jugo
para hacer la carne más sabrosa.)


P/D: En Honk Kong vivíamos a esto.
Los monos son una delicia,
pero a los pee wees
no los recomiendo.”



Ahora el abuelo,
espera los dos/cuartos de hora,
toma un sorbo
de su propia meada
y piensa:

“Ocho años.
lo pude haber violado
si quería.

-Ojea la receta-

Creo que igual voy a probar
sus pee wees.”

sábado 7 de marzo de 2009

La ciudad de las colinas































I. Un siglo sin llorar



Y fue así que el hombre
optó por morderlo,
por ignorar su sed lagrimal,
su falta de frenesí emocional
y repicó con su mirada
todo su ranchito, su patio,
al vecino, los nenes
tirándose bombuchas,
la importancia de no tener nada
y seguir siendo importante.


Y Ñandejára habló,
y su voz no sonó a garganta
sino como una lluvia de diamantes
(Infinito conjuro
de hilos sinfónicos)
cubriendo todo el rancho
como palabras atómicas:
“Le colocaré ramas
al hueco que contiene
la ausencia de tu alma.
Y, así, revivirás desde las semillas
con todo tu aliento intacto.”


Y el hombre comenzó a llorar
regar sus recuerdos más fríos con gotas
gordas y sudorosamente santas,
llamadas para servirlo a Dios.
No volvió a reír nunca más.

Y es que a veces hasta Dios se equivoca.







II.Lo místico de la cotidianeidad



El aguacero terminó
por teñirnos de claridad.
Y buscamos abrigo
en la primera circunstancia,
como desesperados
murciélagos ciegos,
sin antenas ni radares.
Vi tus pelos empapando
la siestita de verano;
lloviznándola con luz
y con el calor del pasto.

Pasábamos
horas
y horas
sintiendo a las vacas
mugirnos indignadas.
Queriendo robar la oscuridad
de nuestro árbol.
Y les respondíamos,
hasta que de verdad
nos asustaban con sus caras de vacas.
Después ponías la mesa,
comíamos, fumábamos,
nos desparramábamos
cansados en el universo,
dormíamos hasta el mediodía
y volvíamos a comer.

Una tarde me dijiste,
mientras yo sorbía
el último mate
frío y lavado,
que pensabas poner
una media sombra
a mi conciencia y colgarme
con alambres pa’ secarme al sol.

Y te dije que si.
Porque me gustan
las cosas simples
con todas sus complejidades,
las noches que pasamos al pedo
tirados en las reposeras,
los olores de las formas,
y de vez en cuando
cubrirme la garganta
con las pesadas esporas
de una vidalita azul.

domingo 29 de junio de 2008

La casa de las avispas


Así, descolorirán tus ganas,

lentamente, el ámbar

de tu apetito, de tu sed.

Hablar del frío no es soñar,

contar las noluces,

la oscura linealidad.



Envuelta en radios militares

entre la interferencia,

entre el coto de árboles,

entre el huerto de amebas,

buscando a tus hermanos;

soñando con ellos.

Invitándonos al fin del mundo:

“¡Estan todos invitados!”

en una imagen ideal.

Enjuagándote las piernas

en una imagen ideal,

en una sucia bañera

harta de camalotes,

afuera del racho,

llena de verdes camalotes,

en la puerta del rancho.


Volví a despertar

con el gusto de las avispas,

con la boca paspada por la helada,

con el olor glacial de aquel río,


con la serenidad.

lunes 19 de mayo de 2008

Miren

Estoy armandome otr blog con ilustraciones: entren

domingo 11 de mayo de 2008

Como el tiempo.



Entonces,

albinos axolotes

que cargan su obesidad

a través de las viñas de coral,

son nuestros testigos,

-en su monstruosidad deforme-

eran nuestros testigos,

serán nuestros testigos.


Yo pensaba

en sorprender

a los que piensan

que yo no tengo sueño,

que nunca duermo

o que jamás dormí.

Por si alguna vez lo pensaste,

por si nada te sorprende.

Por si nunca

te sorprendí.


Por si lo que creímos,

-eso de que fue el sueño

el que quemó tu almohada-

sea cierto y en realidad

me estés entendiendo,

si bien no seas la primera

que me entiende.


Y así ser felices,

fuimos felices,

seremos felices.

Inexistiendo

como el tiempo,

siendo que nunca estuvo,

que es invisible,

que fue transparente,

que será neutro


como los minutos.

domingo 4 de mayo de 2008

Triops



Y con estos tres ojos puedo olerte

a kilómetros de distancia,

y con esta coraza

de telgopor

protegernos como gusanos.


Han pasado tantos siglos

dentro de esta forma

de ontológico parásito.

Ha pasado tanto tiempo,

que ya ni el tiempo

significa algo para mi,

ni para mi anatomía de cerebelo.

En desiertos en los que

los mormones siesteros

son la única visita.

Ni fósil, ni petróleo;

he mutado en una pesadilla,

en un demonio poco creíble,

en una cara de asco.


-“¡Blandos son los soretes!,

no mis palabras.”


He robado un poco

de verde fosforescente

que chorreaba de tu lomo.

Me doy vuelta como las moscas,

me desintegro asiduamente

como un aparato suicida.

martes 15 de abril de 2008

Las claraboyas y la noche.




Algo re viejo que encontré en una carpeta y me reí acordandome que quería decir:


YO; TODO.


“siii - REE – nas,

siii - REE – nas,

siii - REE – nas.

En los jardines se espía.

Y con los ojos te llevan,

te quieren arrancar

la poca de alma que te queda.

Unaalfombradegrillosrojos

rugen sus patas,

te llaman,

quieren escapar de tu marcha,

sentir lo peligroso de tu pié,

la adrenalina de tus tacos.”




Puedo romper lo puntiagudo del silencio

hasta quemar las voces,

puedo freír colores con la corteza de mi estrella,

puedo ser tu sueño y el de otros,

puedo ser lo lúdico de tu labia

y toda la noche hablar de nada,.

Puedo volverme la sangre de otros,

sangre sucia e infecta,

sangre que nunca hubiéses tocado:

sangre de Negro.

Puedo ser tu halo de calor,

eso que se alumbra en tu cara

cuando hablas de mi; cuando me nombrás.

Puedo ser eso que me insinuás en el oído,

pensando que sos re loca,

imaginandote bien putita,

puedo ser eso,

que te encanta.

Puedo cruzar líneas en tu espalda

con algo bien afilado, algo como mis palabras

y moldearte toda la noche la vanidad: puedo hacerte llorar.

Puedo ser tu cómplice y venderte en el averno,

puedo hacerte arrodillar para pedirme un poco de amor.


Pero jamás voy a ser tu carpintero.

No dejaré que ninguna morsa se robe mis ostras.


10/02/2005